Mito: “Como empieces el año, lo terminarás”

Claro que no hay nada mejor que iniciar un ciclo con todo, pero pensar que si no iniciamos bien nos hará terminar mal o arruinará el cierre del año, no es real. Cada día tenemos la oportunidad de iniciar.

Contrariamente a lo que pensaríamos, la época de fin de año e inicio de uno nuevo son inconscientemente estresantes para muchas personas.

Según algunos estudios, 4 de cada 10 personas viven ansiedad y estrés por los propósitos que se plantean cumplir. A veces no sabemos qué propósitos establecer, nos da miedo no poderlos cumplir, que el cumplirlos o no “determine” la calidad de nuestro año, “no sabernos capaces” etc…

Y entonces, la mente puede llenarse de preguntas como estas:

¿Cuáles son mis nuevas resoluciones? ¿En qué fallé el año anterior? ¿Qué hice mal para hacerlo bien esta vez? ¿Cuáles van a ser mis 12 deseos o compromisos? ¿Cómo lo hago para que me salga bien? ¿Qué quiero lograr en salud, bienestar, trabajo, familia, finanzas? ¿Qué hago para por fin bajar esos kilos que llevo proponiéndome tantos años? Y para cuando te das cuenta, ya te atragantaste 12 uvas.

Cada vez hay más exigencia, tanto de nosotros mismos como de los demás, para ser más perfectos. No puedes fallar ni un día, no puedes retroceder en tus compromisos, no puedes equivocarte… “si empiezas mal el año, lo acabarás mal, porque tú inicio determina la calidad del mismo”. Honestamente no estoy de acuerdo. Si el primer día del año o los primeros días no hiciste ejercicio, no comiste bien, te enojaste o no cumpliste lo que te propusiste, no quiere decir que tú año va a ser así y que cerrarás mal. Este argumento hace corto circuito en los que somos muy perfeccionistas y vivimos exigiéndonos mucho todo el tiempo.

Si inicias “mal” no quiere decir que vas a terminar mal. Incluso si iniciaste muy bien y al poco tiempo fallas, no pasa nada. Los propósitos vividos así tan rígidamente generan mucho estrés, y cuando fallamos la motivación cae, lo cual a veces nos hace abandonar todo.

No podemos seguir viendo los propósitos como algo tan estricto, viviendo como caballas con anteojeras fijados en un punto adelante sin ver lo que pasa al rededor y sobre todo, lo que pasa con nosotros mismos. Los propósitos y objetivos se ponen para saber hacia dónde caminar, tener un camino que seguir, un punto de referencia; pero tienen que ser flexibles. Se necesita mucha madurez emocional para encontrar el punto de exigencia adecuado y saber que haremos todo para conseguir lo que buscamos, pero seremos flexibles, compasivos e ingeniosos si no pasa así. No tiras tu año si te equivocas, simplemente te levantas nuevamente y empiezas.

Es más importante hacer conciencia de por qué fallamos o como nos sentimos ante esa falla, que la falla en sí misma.

Tip: NO TE ESTRESES, vive tus propósitos desde el disfrute y la conciencia, porque sino se convierten en un infierno. Se flexible contigo mismo. Permítete fallar y darte cuenta de por qué lo hiciste. Recupera el camino e inténtalo otra vez.

Y quiero hacer hincapié en esto: no se trata de ponernos propósitos y que nos valga cumplirlos o no… ni tan estrictos ni tan a la ligera. Seamos responsables de los compromisos que tenemos con nosotros mismos y los demás, pero seamos conscientes de nuestra humanidad y de que un tropiezo no determina la calidad del camino que nos queda.

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